EL ESTADIO MECANO

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EL ESTADIO QUE TRAJO MOLINA DESDE BRASIL

Por Cristopher Antúnez S. y Aristeo Andrés

Uno de los primeros “padres” de la patria fue José Miguel Carrera, el “príncipe de los caminos”, como le nombró el poeta Pablo Neruda, por toda su entereza para soñar en construir un nuevo país lleno de ideales y prosperidad. Aquel que fuera el primer mandatario de la patria, empeñado en lograr la Independencia de Chile, sería el nombre elegido para el estadio de Universidad de Chile en 1980.

A finales de 1981, la Inmobiliaria Andrés Bello, realizaría la compra de un estadio mecano en Brasil pensado para cerca de 25 mil personas en dos millones de dólares. El puerto de Iquique se transformaría en su fatal destino y el óxido se encargaría de terminar el sueño azul.

Ese anhelado estadio era otro de los sueños del club azul para tener su independencia y lograr la ansiada localía. La historia de este fallido coliseo está lleno de mitos y hasta el día de hoy está en el recuerdo de todo hincha azul como otro de los intentos fallidos por tener un recinto propio.

Los años 80 no empezaban fáciles para el fútbol chileno. La mayoría de los clubes estaba en una seria crisis económica y la política de los préstamos de la ACF se veía en retirada ante las deudas que arrastraban los clubes. Hasta el archirrival de la “U”, Colo Colo, había realizado una Teletón el año pasado para reunir fondos.

En el fútbol chileno era una costumbre endeudarse sin límites para conseguir los mejores elementos y llegar al título. Con la soga al cuello, no quedaba más que pedir préstamos a la ACF. Con la inversión podrían llegar los triunfos deportivos y sus buenas recaudaciones o no tener suerte e irse a pérdida.

Para la “U”, la austeridad no era un tema nuevo, desde hace mucho tiempo que no pasaba buenos momentos económicos por la dependencia de la casa de estudios y hasta su presidente, Rolando Molina, decía que no era fácil manejar un club pobre que había tenido que dejar partir a varios futbolistas.

“Vamos a afrontar 1980 con dificultades, pero con los contratos renovados en las cantidades que el club pueda pagar… Nosotros tenemos un déficit de casi cuatro millones de pesos y nuestras perspectivas son las de no aumentarlo dentro de este año. Por eso, sólo habrá uno o dos refuerzos, pero siempre dentro de la línea modesta de 1979”, Molina reflejaba en la época este plan de pobreza.

Sin embargo, pese al mal momento económico que atravesaba el fútbol y el club en particular, la dirigencia de la “U” con la Inmobiliaria Andrés Bello, realizaba los intentos para seguir invirtiendo en el club y en su patrimonio.

Rolando Molina decía a inicios de los años 80: “Estamos empeñados en colocar las mil quinientas acciones para la Casa de Campo de la ´U´.  Valen 1.136 dólares cada una y se están colocando dentro de los socios de la Corporación. Eso va a permitir también construir el estadio, cuyas canchas ya se están haciendo” –El plantel está renovado y una cosa si es segura, vamos a gastar lo estrictamente presupuestado”

En el ámbito económico, en el país se sentía que la crisis era inminente. Sin embargo, parece que nadie se dio cuenta de esta situación y se decidió invertir en el peor momento posible. Fue ahí cuando la directiva azul tiene la iniciativa de cumplir el viejo anhelo del club azul y pensar en grande para tener su propio recinto. Cerca de dos millones de dólares de la época costarían los grandes perfiles y tribunas de acero que prometían formar el nuevo coliseo azul llamado “José Miguel Carrera”.

El recinto deportivo para más de 23 mil personas estaba prácticamente listo donde instalaría. ”El estadio se iba a construir en la comuna de Quinta Normal. El alcalde, un coronel que era fanático de la ´U´ (Juan Augusto Deichler), me dijo que hasta iba a pintar de azul las calles y los árboles”, recuerda Rolando Molina. (Libro A discreción, pág 77).

A mediados del  año 1980, se firmaría el convenio que contemplaba la ejecución de las obras y un crédito de U$6.500.000 para la construcción del estadio y financiamiento de la casa de campo “El Almendral”. Este acuerdo se realizó con la constructora brasileña D’Affonseca S.A.

Los dos millones de dólares de los perfiles de acero, más los costos de traslado, de desembarque y de almacenaje en Iquique serían gastos tremendos para la época.  “Teníamos el terreno y todo el estadio de acero en Iquique, pero no teníamos dinero para pagar el traslado y sacarlo de la aduana. Lo único que necesitábamos era una inyección de plata, fuera de la universidad, fuera del gobierno,… “, dice lamentándose Rolando Molina.

Las estructuras metálicas que se importaron desde Brasil se depositaron durante años en la Zona Franca de Iquique. Ingresarlos al país en 1987 significaba un valor superior a U$1.400.000 por concepto de derechos de almacenamiento, IVA y derechos de aduana. Una cifra que en ese momento era imposible de pagar y que terminaría sepultando las intenciones del estadio del club universitario.

Era una época en donde el gobierno militar tenía un modelo económico neoliberalista implementado por los denominados “Chicago Boys” en los que planteaban que el gasto del estadio debía ser mínimo y fomentar la inversión privada, además, habían otras necesidades antes de concentrarse en un estadio

Aparte de esta situación, la crisis económica explotó. El precio del dólar se disparó y Chile entero se fue a la quiebra. El sueño del estadio quedaba seriamente perjudicado y se buscarían otras formas para construir el estadio costara lo que costara.

 

La Gananga

Con el fin de recolectar dineros de cualquier manera posible, se lanzó la iniciativa de la “Gananga” de Universidad de Chile, donde era una “ganga” ganar.

Rápidamente, los distintos medios comenzaron a publicitar la realización de esta gran rifa que prometía miles de premios y regalos a los seguidores azules: televisores a color, furgones, y más productos eran los máximos regalos de la época.

La “Gananga” estaba visada por el mismo Ministerio del Interior, se publicó el decreto N° 227 en agosto de 1981 en que la Corfuch estaba autorizada a rifar el 26 de diciembre de 1981 los siguientes premios: 200 automóviles-furgones Mitsubishi; 500 televisores a color; 1.000 televisores blanco y negro; 500 equipos estereofónicos; 300 refrigeradores; 300 máquinas lavadoras; 300 cocinas; 100 pasajes al Mundial de España con gastos pagados y entrada también pagada; 5.000 calculadoras; 20.000 relojes y 5.000 bicicletas.

El costo para participar de este gran evento, con la consigna de “convertir a la ´U´ en la primera institución deportiva nacional” con la construcción del Estadio José Miguel Carrera y el impulso al área de los cadetes del club, era de $900 por comprar un talonario con cuatro cupones que debían ser pagados en el Banco del Estado por un valor adicional de $200.

Además de la Gananga para recaudar fondos, también se hizo una campaña para juntar socios ofreciendo la opción de ser socios honorarios del club comprando un asiento en el futuro estadio José Miguel Carrera que contaba con una maqueta y todo previsto.

José Borzutzky fue uno de los socios honorarios que compraron un asiento por aquella época. “En el año 1980 se acercó a mí el señor Alberto Albala, quien era directivo de la Corfuch en aquella época, para ofrecerme la posibilidad de ser socio vitalicio del club. Me informó que estaba listo el proyecto para construir el estadio de la ´U´ y que al aportar dinero uno obtenía la calidad de socio vitalicio. Se me entregó un carnet que tengo hasta el día de hoy. Recuerdo que había una maqueta donde estaba el futuro estadio de la ´U´. Por supuesto, yo le creí y fue como todo el mundo sabe, fue un proyecto que nunca llegó a cristalizarse”, dice resignado luego de más de tres décadas después de soñar estar viendo a su equipo en su propio reciento.

“No sé las razones por las cuales no se construyó el estadio, jamás las he sabido. Existen variados rumores de malversación de fondos y de malos manejos que nunca se comprobaron pero que tampoco se desmintieron. Yo creo que los dirigentes de la época tienen una alta responsabilidad en el proyecto abortado” agrega Borzutsky.

Tal como otros socios honorarios, José Borzutsky de 66 años, aun guarda con cariño su carnet de socio vitalicio con su foto. Un carnet con fondo azul y con la insignia del chuncho. Pese a toda la decepción por no realizarse el proyecto, el hincha azul nunca pensó en hacer una demanda y pudo usar su carnet para ir varios años comprando entradas rebajadas. “Espero que Azul Azul pueda cumplir su promesa del estadio”, dice aún esperanzado.

La gran “Gananga” finalmente nunca se realizó. Las cuentas no cuadraron y no había dinero ni siquiera para pagar los premios, a mayor abundamiento, el club quedó muy endeudado con Televisión Nacional por concepto de publicidad.

Los intentos por construir el estadio mecano perduraron y otra localización surgió como opción para esto. En el sur-oriente de la capital, en Américo Vespucio con Las Torres era la localización donde también se prometía realizar este proyecto. El club de fútbol tenía un comodato en este terreno donde realizaba sus entrenamientos.

El oxido dejó unos pesitos…

“Creo que nos convertiremos en una verdadera bodega de depósito de productos para el resto del país”, dijo el gerente de la naciente Zona Franca de Iquique (ZOFRI), Patricio Piña, en 1978, sin querer que con esa frase marcaría el destino del estadio mecano de Universidad de Chile.

Hay un punto que puede ser relevante en esta historia ya que la Zona Franca de Iquique había sido implementada el año 1975. En 1977 se aprueba el decreto con fuerza de ley N° 341 de 1977 en el cual el Ministerio de hacienda sentaba las bases de las Zonas Francas.

En un punto de este decreto dice: “Sólo en las zonas francas podrán realizarse también otros procesos tales como: armaduría, ensamblado, montaje, terminado, integración, manufacturación o transformación industrial (decreto ley 1.055, artículo 11º)”, ¿habrá afectado esta nueva plataforma comercial en el traslado del Estadio que quedara para siempre en la ZOFRI? ¿Se habrán enterado antes de traer el estadio que debían pagar y también hacer otras funciones solo en ese sector?

“El estadio mecano me costó un triunfo traerlo y pagué de mi propio bolsillo su traslado al puerto de Iquique. Cancelé el desembarque y su ubicación en las bodegas. No toqué una barra de acero. Lo único que sé es que directivas posteriores lo vendieron por partes, poco menos que por kilo. Liquidaron el proyecto más importante que teníamos que era el estadio propio”, recuerda Rolando Molina.

Con su tono fuerte, frontal, el ex presidente de Universidad de Chile en los años 90, René Orozco, afirma que ellos fueron los que finalmente terminaron vendiendo el estadio convertido en chatarra enmohecida en las bodegas de Iquique: “Debíamos muchísima plata por los derechos de aduana y lo rematamos. 30 millones pudimos sacar de los fierros que después se usarían con otros dineros para el proyecto de la Ciudad Deportiva”.

En síntesis, creada la Corfuch y la Inmobiliaria Andrés Bello,  Molina puso en marcha el proyecto de la ansiada casa azul: el “Estadio José Miguel Carrera” que en definitiva no fue más que una seguidilla de errores y equivocaciones de magnitud.

 De partida, es inentendible que Corfuch, adquiriese un estadio mecano en el extranjero sin tener siquiera un terreno determinado donde armarlo.

Luego, bastaba conocer algo de derecho aduanero para saber que siempre que se hace una internación hay que pagar derechos salvo alguna exención que en este caso no procedía y que tampoco se solicitó, ergo, se invirtió en algo que nació muerto. Incluso pagando la internación era improbable armar esa estructura sin tener un terreno adecuado para el efecto.

Con todo, la crisis del dólar también afecta los intereses de Corfuch por cuanto el crédito solicitado para comprar el estadio mecano, su internación y hasta las cuotas de compra de asientos de los socios eran en moneda de Estados Unidos, entonces la deuda de la “U” con el Banco brasilero se disparó, el arancel aduanero lo mismo y los socios dejaron de pagar sus cuotas conforme el alza experimentado. Hay que sumar lo anterior la multa diaria por usar las bodegas en la Zona Franca.

El club colgaba de un hilo y es por tal razón que cuando Molina llega a la ACF queda en la obligación casi moral, de ayudar a su ex club comprometiendo el patrimonio de todo el fútbol chileno.

El tema del estadio enclavado en Las Condes es diferente y reviste otras conclusiones. En ese caso el terreno si existió, no fueron vanas promesas de alcaldes como el caso del estadio de Molina y Cía, acá la Cormu le entregó al club de fútbol una propiedad emplazada en una de las zonas de más plusvalía del país y sobre la cual se hicieron dos proyectos serios debidamente autorizadas por la autoridad municipal.

 

 

 

 

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2 comentarios en “EL ESTADIO MECANO

  1. Los planos originales del estadio estuvieron por años en la oficina de mi papa, tambien accionista se la inmobiliaria, al final se perdio la plata, y los planos, por ahi deben andar.
    Saludos

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